En el corazón del estado de Maranhão, cerca de la frontera con Tocantins, se esconde un destino que poco a poco comienza a ganarse un lugar entre los grandes polos de ecoturismo de Brasil: la Chapada das Mesas.
Sus paisajes son un mosaico de cañones rojizos, ríos cristalinos y cascadas monumentales que se desploman en pozas de aguas turquesa. La región conserva un aire rústico y auténtico, con pueblos tranquilos, sabanas que recuerdan al cerrado brasileño y una biodiversidad que sorprende a cada paso.
A diferencia de otras chapadas más conocidas, como la Diamantina o la dos Veadeiros, aquí todavía es posible sentir la naturaleza en estado virgen, con menos visitantes y un entorno que invita a la aventura, el descanso y la contemplación.
Cascadas que parecen salidas de un sueño
La Chapada das Mesas es sinónimo de agua en abundancia. Entre sus atractivos más icónicos se encuentran las cascadas de Cachoeira de São Romão y Cachoeira da Prata, ambas ubicadas en áreas de difícil acceso, pero cuya magnitud recompensa cualquier esfuerzo.
São Romão, con su caudal imponente, forma una cortina de agua que invita a acercarse hasta quedar empapado; mientras que Prata sorprende por sus caídas múltiples que caen en varios niveles, creando un escenario fotográfico inigualable.
No menos famosa es la Cachoeira de Santa Bárbara, rodeada de vegetación exuberante y con un pozo de aguas verdosas ideal para nadar. Allí el contraste entre el verde intenso y el color ocre de las rocas genera una postal única.
Otro rincón imperdible es el Encanto Azul, un manantial de agua transparente en tonos azul profundo que, en días soleados, adquiere un brillo casi irreal. Es un sitio perfecto para bucear con máscara y snorkel, descubriendo pequeños peces y la pureza de las aguas subterráneas que alimentan la región.
Cañones y formaciones de otro planeta
El nombre de la chapada se debe a las mesas, esas mesetas de arenisca que emergen abruptamente sobre el cerrado. Algunas tienen formas curiosas, como la Pedra Caída, que además de ser un parque natural con cascadas, cuenta con un complejo turístico con pasarelas y actividades de aventura. Allí se encuentra el Santuário da Pedra Caída, una gruta con una cascada interior que se desliza por una abertura en el techo y crea un ambiente sagrado, casi místico.
En el Parque Nacional da Chapada das Mesas, las formaciones geológicas dominan el paisaje: la Morro do Chapéu es uno de los símbolos de la región, con su cima plana que se eleva a más de 400 metros, visible desde kilómetros de distancia. Otro ícono es el Portal da Chapada, un arco natural tallado por la erosión que enmarca las vistas del horizonte y se convierte en uno de los miradores más buscados para ver el atardecer.
Naturaleza y aventura para todos
La chapada combina el encanto del ecoturismo con un toque de aventura. Desde caminatas por senderos entre la sabana hasta paseos en 4x4 o circuitos de tirolesa, el destino ofrece opciones para distintos perfiles de viajero. Quienes buscan tranquilidad pueden relajarse en las piscinas naturales del río Farinha, mientras que los más activos pueden adentrarse en rutas hacia cascadas ocultas o escalar algunas formaciones rocosas.
Además, el avistaje de fauna es otro atractivo: guacamayos, tucanes, monos y hasta el lobo de crin habitan la región, recordando que se trata de un ecosistema delicado que merece protección.
Cómo llegar a Chapada das Mesas
El acceso principal es la ciudad de Carolina, en el sur de Maranhão, que funciona como base para explorar la chapada.
Para llegar allí, la opción más práctica es volar hasta Imperatriz, la segunda ciudad más grande del estado, ubicada a unos 220 km de distancia. Desde el aeropuerto de Imperatriz parten traslados, colectivos y autos de alquiler que conectan con Carolina en un viaje de entre 3 y 4 horas por carretera.
Otra alternativa, aunque más larga, es llegar desde Palmas (Tocantins), recorriendo unos 500 km hacia el este. Las rutas son asfaltadas en su mayoría, pero algunos accesos a cascadas y parques requieren vehículos 4x4 o excursiones contratadas.
La mejor época para visitar
El clima en la región es tropical, con una marcada estación de lluvias entre diciembre y mayo, cuando los ríos y cascadas muestran su máximo caudal. Sin embargo, durante la estación seca, de junio a septiembre, el agua adquiere tonos más cristalinos y las condiciones para trekking y exploración son más cómodas. Muchos viajeros recomiendan julio y agosto como meses ideales, cuando los paisajes combinan abundancia de agua y cielos despejados.
Un destino que conquista lentamente
Visitar la Chapada das Mesas es descubrir un Brasil diferente: agreste, menos turístico, pero igualmente encantador. Sus cañones rojizos contrastando con la vegetación, sus cascadas escondidas y su ambiente tranquilo hacen que cada viajero sienta que está ante un tesoro aún secreto. Quienes llegan hasta aquí vuelven con la sensación de haber pisado un lugar único, donde la naturaleza sigue siendo protagonista absoluta.
Ver también información de Diamantina y Palmas.
