El Pantanal, reconocido como la mayor planicie inundable del planeta y Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, es un ecosistema que se extiende por los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, alcanzando incluso parte de Bolivia y Paraguay. Dentro de este vasto territorio, existe una región particularmente encantadora y poco explorada: el Pantanal do Nhecolândia, en Mato Grosso do Sul.
Lo que distingue a esta zona de otras áreas del Pantanal es la presencia de más de 15.000 lagunas, muchas de ellas con tonalidades verde-esmeralda que parecen espejos de agua pintados. La combinación de estas lagunas con los campos inundables, los bosques de galería y la abundante fauna convierte a Nhecolândia en un paisaje de gran belleza y en un laboratorio natural para científicos y amantes de la naturaleza.
Las lagunas encantadas
El sello distintivo de Nhecolândia son sus lagunas. Algunas son de agua dulce, otras salobres, lo que crea una variedad de hábitats donde conviven peces, aves acuáticas, caimanes y capibaras. Durante la estación lluviosa, el agua rebasa y conecta unas con otras, formando un tapiz acuático en el que la vida se multiplica. En la estación seca, las lagunas se retraen y se convierten en oasis verdes rodeados de pastizales amarillentos.
Estas lagunas son tan singulares que atraen también a investigadores interesados en comprender la dinámica del agua y los procesos químicos que les dan su coloración particular. Para el visitante, se trata de escenarios perfectos para contemplar la naturaleza, practicar fotografía y vivir momentos de silencio y contemplación en medio de la inmensidad.
Fauna y flora del Pantanal
Como en todo el Pantanal, la biodiversidad aquí es exuberante. Los safaris fotográficos permiten observar aves como el jabirú (tuiuiú), símbolo del estado de Mato Grosso do Sul, además de tucanes, guacamayos y halcones. En las orillas de las lagunas se avistan familias de capibaras, mientras que los caimanes descansan inmóviles al sol. Con un poco de suerte y en horarios adecuados, es posible toparse con el esquivo jaguar, uno de los grandes atractivos para quienes buscan experiencias intensas de ecoturismo.
La vegetación alterna entre pastizales inundables, islas de bosque seco y palmares que se reflejan en las aguas esmeralda. Esta diversidad paisajística brinda un ambiente ideal para caminatas guiadas, cabalgatas y paseos en canoa, actividades que permiten una conexión profunda con el entorno.
Estancias y tradición pantanera
El Nhecolândia también es una región de tradición ganadera. Las estancias que se dispersan entre lagunas y campos mantienen un modo de vida pantanero transmitido de generación en generación. Muchos de estos establecimientos se han abierto al turismo, ofreciendo hospedaje rústico pero confortable, comidas típicas basadas en el arroz carreteiro, la carne de sol y el pescado fresco, además de actividades diarias ligadas al trabajo del campo.
Compartir unos días en una estancia no solo acerca al visitante a la vida rural brasileña, sino que también brinda la oportunidad de explorar la naturaleza con guías locales que conocen cada sendero y cada historia de la región.
Cómo llegar a Nhecolândia
El Pantanal do Nhecolândia se ubica en el estado de Mato Grosso do Sul, y el punto de partida más común para explorar la región es la ciudad de Corumbá, situada a orillas del río Paraguay y con aeropuerto propio que recibe vuelos desde Campo Grande, la capital estadual.
Desde Campo Grande, la ruta hasta Corumbá por carretera dura unas seis horas aproximadamente. Desde allí, el acceso a las estancias o lodges dentro de Nhecolândia suele hacerse en vehículos 4x4, ya que los caminos son de tierra y en época de lluvias se tornan desafiantes. Algunos hospedajes también organizan traslados en avionetas pequeñas, lo que ofrece una vista inolvidable del mosaico de lagunas y pastizales.
La logística de llegar a Nhecolândia forma parte de la aventura: no es un destino masivo ni de fácil acceso, pero justamente esa dificultad garantiza la preservación de su esencia natural y el privilegio de disfrutarlo con tranquilidad.
Mejor época para visitar
El Pantanal puede visitarse todo el año, aunque cada estación ofrece una experiencia distinta. Entre mayo y septiembre, durante la estación seca, los animales se concentran alrededor de las lagunas y la observación de fauna es más sencilla. Entre octubre y marzo, las lluvias transforman el paisaje, llenan las lagunas y vuelven a la región un espectáculo acuático sin igual.
Elegir cuándo ir depende del interés de cada viajero: ya sea para ver fauna en abundancia o para maravillarse con la fuerza del agua y los cielos tormentosos que dramatizan aún más el horizonte pantanero.
Un viaje de contemplación
Visitar el Pantanal do Nhecolândia es sumergirse en un Brasil profundo, donde la naturaleza marca los ritmos y donde la calma se convierte en compañera inseparable. Es un destino ideal para quienes buscan experiencias auténticas, alejadas del turismo convencional, y para quienes desean descubrir uno de los paisajes más singulares del continente.
Allí, entre el silencio de las lagunas verde-esmeralda y el vuelo majestuoso de las aves, se entiende por qué este rincón del Pantanal sigue siendo un tesoro escondido, reservado para quienes se animan a ir más allá de lo habitual.
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